La rutina del desayuno
Enviado por eth0 el Jue, 12/06/2008 - 09:53.
“Esto ya empieza a pasar de castaño a oscuro. Mañana nos vamos a la cafetería de enfrente.”
Esto es lo que hemos decidido hace no mucho rato mis compañeros y yo, después de haber pasado por la rutina del desayuno una vez más en el restaurante al que vamos todas las mañanas a desayunar.
La rutina en cuestión es la siguiente:
- Llegas al restaurante. Te sientas en alguna mesa que veas libre.
- Te quedas esperando mientras las camareras sirven por estricto orden de proximidad a la barra.
- Cuando por fin llega una de las camareras a tu mesa, te dicen lo que vas a desayunar basándose en lo que tomaste ayer o en lo que les salga de su santo potorro, aunque tú esa mañana tengas ganas de desayunar otra cosa.
- Le intentas hacer ver que su habilidad como estadística no sirve de gran cosa, porque tú hoy lo que quieres es tal y cual. No obstante, la camarera hace como que te escucha mientras tú no te quedas muy convencido de si se ha quedado con lo que le has pedido.
- Esperas un tiempo indeterminado.
- La camarera trae las bebidas o los bocatas. La estadística aquí tampoco sirve de nada: unas veces trae antes las bebidas que los bocatas y otras veces es al revés. Lo que sí hace siempre, invariablemente, es dejar las bebidas o los platos de cualquier manera en un extremo de la mesa para que los comensales hagan parte de su trabajo y se sirvan sus cosas ellos mismos.
- La camarera vuelve y trae lo que faltaba, ya sean bebidas o bocatas. Al igual que en el punto anterior, deja todas las cosas en un extremo de la mesa y que se apañe el personal.
- Te fijas en que hoy, como se han acabado los pitufos, te ha puesto media viena. Para los profanos en la materia, “pitufo” y “viena” —al menos aquí en Málaga— son dos tamaños de pan, siendo el pitufo como tres cuartos del tamaño de una viena. El caso es que, por alguna extraña razón, las cafeterías suelen aplicar la equivalencia P = 1/2 V —siendo P un pitufo y V una viena— cuando se les acaban los pitufos. Obviamente, siendo el pitufo más grande que la mitad de una viena, la equivalencia es abusiva; pero en el caso de esta cafetería es más sangrante aún, porque encima cortan desproporcionadamente las vienas, y siempre sale una mitad más grande que la otra. Y no sé cómo se las apañan para ponerle a uno siempre la parte más pequeña.
- Te comes tu pitufo o media viena de jamón y queso, y te preguntas qué clase de queso utiliza esta gente que se funde tanto, hasta el punto de volverse prácticamente líquido y no solidificarse en todo el rato que tardas en desayunar.
- Te bebes el café con leche, que tiene más o menos café en función de lo que la camarera haya decidido esa mañana que vas a tomar.
- Cuando estás a punto de terminar e irte, llega el hijo del dueño, un pesado de mediana edad que se va de putas cada dos por tres y va más salido que el pico de una plancha, y tienes que aguantar sus gracias sin gracia, sus comentarios políticos y sus historias de ligues de una noche.
- Cuando por fin consigues deshacerte del putero, vas a pagar y allí está el padre del putero. Y entonces tienes que aguantar unos cuantos comentarios políticos más y estarte al loro al pagar para que no se olvide de darte bien el cambio.
Lo dicho: mañana nos vamos a la cafetería de enfrente.
»
- blog de eth0
Versión para impresión- Send to friend
- Versión en PDF
- 445 lecturas



